El sello también innova

La efigie de Isabel II ocupa el grueso del primer sello que alumbró España en 1850. El país se sumaba así, una década después, a la iniciativa inglesa de hacer pagar el envío al remitente y no al destinatario, como ocurría hasta entonces. Lo que nació como una renovación del sistema postal se fue arraigando a lo largo del siguiente siglo como motivo de colección, una actividad que cerca de 50.000 abonados a Correos España, se calcula que el triple por libre, desarrollan hoy en día.

El pequeño retal de papel se mantiene aparentemente impertérrito; sin embargo, en los últimos cinco años ha sufrido una revolución gracias a la tecnología. Realidad aumentada, códigos QR, tinta invisible, sabores y olores han añadido un valor complementario a los sellos convirtiéndolos en un objeto mucho más atractivo, que ha cautivado a nuevos filatélicos.

Cada caño Correos España-Andorra emite 150 millones de sellos. El bruto se utiliza para franqueo, pero unos 25 millones terminan como piezas de coleccionismo. Modesto Fraguas, director de Filatelia, Imagen y Marca de la compañía dibuja la línea de coleccionistas “ligeramente decreciente” en los últimos años, aunque su número sigue siendo más estable que el del uso del sello como elemento de franqueo. El perfil del filatélico es el de un hombre, de edad avanzada y con un poder adquisitivo medio alto, según describe Fraguas. “Estamos hablando de una actividad muy amplia, te puedes encontrar desde el coleccionista más ortodoxo, el que busca el sello circulado, es decir, que haya ido en una carta (lo que cada día es más complicado); o el que acaba de acceder a la filatelia y que quiere solo tener los sellos emitidos este año”, abunda.

Atraer a nuevos filatélicos fue el objetivo que se planteó Correos en 2014 para frenar el descenso de sus abonados y fortalecer el mercado español. Fraguas recuerda que otros países ya habían iniciado una senda de innovación en sus diseños, pero la empresa española apenas se había atrevido a abrirse en las temáticas y continuaba anclada en “un nivel muy básico de impresión”. 

Aprovechando los avances tecnológicos, se propusieron ofrecer un valor añadido a sus piezas. Se estrenaron con cuatro sellos con sabores en el engomado, la parte que tradicionalmente se lame para adherirlo al sobre. Repartidos en dos hojas bloque, una fórmula de emisión en la que el sello queda enmarcado en una superficie mayor, las estampillas contenían sabor a jamón ibérico, flor de mandarino, ajoblanco y al plato denominado 350/ajoblanco 1996 de Ferran Adriá, respectivamente.

Desde esa salida, hace cuatro años, Correos ha presentado anualmente propuestas creativas tanto en el diseño como en la impresión. De los 90 diseños lanzados al año, más de 40 emisiones contienen un valor añadido en su impresión. Así, se han emitido estampillas que incluyen, troquelados, semillas de petunia (2015) o olores, como el dedicado a la Semana Santa con aroma a incienso (2016). También se ha innovado en los soportes, empleando en lugar de papel, oro o madera.

Algunos de los más vendidos, con las tiradas agotadas, son los dedicados a Star Wars y a los dinosaurios. Ambos se realizaron en 3D y en el caso de la saga cinematográfica suman también tecnología lenticular que permiten obtener movimiento. Los más innovadores incluyen códigos QR y realidad aumentada, propuestas que incrementan el contenido del reducido espacio de un sello. A este se accede a través de una app que Correos ha desarrollado para conectar el papel al audiovisual, como hizo el año pasado incluyendo un tutorial de papiroflexia para crear una estampilla con forma de pajarita.

Otra de las grandes novedades reside en la tinta, haciendo uso de la invisible y la termocromática. En 2017 se emitió una serie dedicada a La abadía del crimen, el primer videojuego español. Al pasar el dedo por el dibujo de unas puertas negras, el calor modifica la tinta de tal manera que se hacen visibles diferentes claves del juego.

Valor añadido

“Se busca siempre que haya una relación entre el valor añadido y la temática que estás imprimiendo”, subraya Fraguas. Esto ha provocado que no solo filatélicos, sino coleccionistas de otro tipo de objetos o simplemente aficionados a ciertas temáticas se hayan acercado al sello. El director destaca que, aunque España ha tardado más que otros países en desarrollar estas técnicas, se ha posicionado como un referente: “Estamos dentro de la lista de los primeros países, por delante en sistemas de impresión, nos llaman para saber cómo hemos hecho un sello, por ejemplo, desde Japón para preguntarnos por el de la papiroflexia”.

Cuando las estampillas cumplen tres años, Correos las destruye para que los excedentes no contaminen el mercado de coleccionismo. De esta manera, cada pieza adquiere el precio que le dan los propios compradores. Aunque para Fraguas atesoran más valor que el monetario: son obras de arte en sí mismas, porque acogen un diseño en un espacio minúsculo y porque han representado a grandes artistas; píldoras de conocimiento, que puestas en retahíla contarían la historia de la humanidad; tarjetas publicitarias, que promocionan la identidad de un país por todo el mundo y testimonios perennes de la historia, cualidades que convierten al sello en el motor de una de las actividades coleccionistas más grandes del mundo.

MÁS SEGURIDAD

Muchos encuentran en los sellos no solo una afición, sino también una inversión económica. Durante las subastas algunas piezas alcanzan precios astronómicos: en 2014 el Magenta de un penique de Guayana Británica se vendió por casi siete millones de euros. Esto provoca también que existan falsificaciones a pequeña y gran escala. Los servicios postales han encontrado en la tecnología no solo la posibilidad de diseñar sellos con valores añadidos, sino de entorpecer estas copias ilegales.

La Fábrica Nacional de Moneda y Timbre es la única entidad que puede producir el papel de sello. Este contiene una fosforescencia adherida que cumple dos misiones: por un lado, dificultar la copia y, por otro, facilitar a las máquinas de Correos su identificación y clasificación postal. Este segundo paso se realiza mediante la lectura de caracteres.

Las estampillas están además perimetradas de una manera singular que dificulta la copia. También cuentan con las palabras Correos España que certifican que han sido emitidos por la casa. Hace cuatro años se sumó una cuarta característica siguiendo la tendencia internacional: la letra ñ. Este icono, de la marca España, se sitúa en el ángulo inferior derecho a través de un golpe seco o impresión directa. “Hay algunas medidas más, pero no las diré”, advierte Fraguas, que añade que aun así continúa habiendo falsificaciones. Las más notorias, porque se produjeron de manera masiva, han sido las de sellos dedicados a los artistas Pablo Picasso y Joan Miró.

Fuente: elpais.com

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