SELLO | ISABEL ZENDAL

ISABEL ZENDAL

DATOS TÉCNICOS DEL SELLO

Número EDIFIL:

Temática: Personajes

Fecha de puesta en circulación: 12 de mayo de 2022

Procedimiento de impresión: Offset

Soporte: Estucado, engomado, fosforescente

Formato del sello: 28,8 x 40,9 mm (vertical)

Dentado del sello: 13 ¼ (horizontal) y 13 ¾ (vertical)

Efectos en pliego: 25

Valor postal: 1 €

Tirada: 135.000 sellos

Diseño: Isa Muguruza

INFORMACIÓN SOBRE EL MOTIVO DEL SELLO


Poco sabemos de esta mujer admirable, la primera enfermera en misión internacional; incluso su nombre parece camuflarse en distintas variantes y escurrirse de una historia en la que estuvo siempre al servicio de otros.

Sabemos que nació en una familia pobre en Órdens, A Coruña, en 1773. Que su madre murió de viruela; no tenía ni trece años cuando comenzó a trabajar, y entro como ayudante en el Hospital de la Caridad de La Coruña, donde ascendió a rectora de Expósitos. Sabemos que con veintiún años tuvo, de soltera, a su hijo Benito. Quizás ese pasado la llevó a acompañar a los niños seleccionados para la Real Expedición de la Vacuna, impulsada por el médico Francisco Balmis con el apoyo de Carlos IV. La expedición duraría desde 1803 hasta 1806 y recorrería todo el Imperio Español. La misma viruela que había matado a la madre de Isabel causaba estragos en todo el mundo, y aunque existía ya la vacuna de Jenner, resultaba imposible conservarla, salvo en el cuerpo humano. Para eso necesitaba a los expósitos, los más vulnerables entre los pobres, 22 niñitos de entre 3 y 9 años, algunos no eran huérfanos pero sus padres los habían entregado allí para que sobrevivieran a la miseria.

Isabel se embarcó con ellos y con su propio hijo el 30 de noviembre de 1803, en una corbeta; llevaban consigo un par de zapatos, una muda de ropa y el virus dela vacuna que se pasaban cuidadosamente de uno a otro cada diez días. De Canarias a Puerto Rico, y de allí a Acapulco, y a Manila, para regresar a México, de donde Isabel ya no volvió. Ni ella, ni su hijo, ni ninguno de los niños, pese a que las normas indicaban claramente que debían recibir educación y ser devueltos a sus pueblos. No sabemos cuándo murió, pero debió ser pronto, porque en 1806 Balmis indica que Isabel se desvivió por los niños como una madre que los cuidó y mimó noche y día hasta que arruinó su propia salud. Dos docenas de criaturas que enfermaban por turnos, que necesitaban no solo atenciones sino un poco de cariño.

La expedición vacunó directamente a unas 250.000 personas. No hubiera sido posible sin Isabel Zendal. Eso sí lo sabemos.